Reflexiones Del Homo Deus de Harari

Por: Doctorante Jaime Gómez Castañeda

jaimegomez12@gmail.com

Estamos en el Siglo XXI, es un buen momento para exponer algunas reflexiones respecto a la naturaleza del hombre, su ser, desarrollo y fin. Se ha escrito bastante sobre estos temas, además, desde diferentes campos disciplinares. Tomaré algunos referentes teóricos del pasado y los confrontaré con la obra Homo Deus del Dr. Yuval Noah Harari. Una de las más leídas actualmente. Al lado de este contraste analítico expongo mis reflexiones.  

Del Teocentrismo, Antropoceno al Datacentrismo  

Las preguntas existenciales ¿quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, por qué o para qué existimos? Nos han acompañado por milenios. Parece ser que es parte de nuestra naturaleza buscar significados tanto para sí como para lo que está alrededor de nosotros. El ser humano ha transitado por   el teocentrismo y antropoceno. Cada uno lo constituye un conjunto de interpretaciones que tratan de dar sentido a la naturaleza humana. El periodo teocéntrico lo caracterizan los mitos de la naturaleza humana: sumerio, egipcio, maya, mexica, griego y hebreo, así como las grandes posturas clásicas de la filosofía.   En el período antropoceno confluyen también filósofos y pensadores científicos. Al iniciar éste último estadio antropocéntrico nace el humanismo como su bandera doctrinal.  

En este caminar milenario de interpretaciones teístas, metafísicas y naturalistas, el ser humano aún sigue en la búsqueda de significados, aún no ha sido definido de tal manera que nos satisfaga su conceptualización. Algunas filosofías seguirán concibiéndolo como un ente racional, empírico, espiritual, teológico; algunas ciencias como un animal con impulsos sexuales, otras, como un animal más, sin distingo de otros animales más que el tipo de inteligencia que posee; algunos lo asumirán como un ser que busca la trascendencia y la autorrealización. La lista puede ser interminable. En sí, al igual que la época teocéntrica, el humanismo (parido por el antropoceno) también define al ser humano de diversas formas.  

Ahora, en nuestra época, aparece una nueva reflexión acerca de nuestra naturaleza, desarrollo y fin como Homo Sapiens. Es una investigación que surge del análisis de la historia mundial, su valor predictivo es asombroso como también su argumentación. En 2016 el Dr. Yuval Noah Harari publicó la obra Homo Deus, en la cual describe al nuevo hombre del siglo XXI cuya “religión emergente más interesante es el dataísmo, que no venera ni a dioses ni al hombre: adora los datos” (p. 399).   Su hábitat ya no es el humanismo es un tipo de orden social que ahora se llama tecnohumanismo, cuyos padres son la tecnología y la biología. Entramos a la época del “Datacentrismo”. Harari menciona que la humanidad ha evolucionado lo bastante como para remediar algunos de los problemas mundiales más apremiantes, por ejemplo, el hambre, la peste y la guerra y que ahora los pendientes en la agenda de la humanidad son: vencer la muerte, descubrir la fórmula de la felicidad y convertirnos en dioses, en Homo Deus. Sus argumentos son contundentes, no dan cabida a la escapatoria a simple vista. En el humanismo del siglo XX teníamos dos opciones: Dios y el ateísmo. Ahora Harari nos plantea una sola opción, el dataísmo. Enseguida, presentaré algunas de las tesis más importantes que sostienen el pensamiento de éste autor y las confrontaré con algunos pensadores cuyos perfiles se caracterizan por: la antropología, filosofía, psicología, escritores de la tecnología, biología, sociología, economía y política. Junto a este análisis expongo mi postura.  

1935, 2010 y 2016  

Alexis Carrel ganador del Premio Novel de Fisiología y Medicina, en 1912. Escribió La incógnita del hombre en 1935. Se considera un referente importante en las disertaciones sobre la naturaleza humana. Dice que, “Por el momento, la individualidad y sus potencialidades no pueden medirse, pero un observador sagaz, que conozca bien a los seres humanos, es capaz, a veces, de descubrir el porvenir en los caracteres presentes de un individuo determinado” (p. 111). Hace 84 años que se publicó esa cita. Hoy, Harari sostiene que la individualidad es un mito, los humanos no son individuos. Son dividuos.  

Diversos estudios de la fisiología han demostrado que no hay un único yo, las decisiones se derivan de una estira y afloja entre diferentes entidades internas que a menudo se hallan en conflicto (…) la mayoría de las decisiones las toma una instancia que se le conoce como yo narrador y quien experimenta la acción es el yo experimentador. Pensadores de la India, China y Grecia razonaron que el yo individual es una ilusión hace más de dos mil años. (pp. 324-335)  

En este sistema tecnohumanista del Homo Deus se niega la individualidad y al mismo tiempo se argumenta que puede medirse, cuantificarse y predecirse ya que en la idea de Harari el Homo Sapiens es un gran algoritmo que se investiga de manera continua para descifrar sus subalgoritmos. “El lema del movimiento es: conocimiento de uno mismo mediante los números” (Harari, 2016: 461). El observador sagaz que menciona Carrel es en la actualidad un gran algoritmo, no un humano.

Al reducir el aparato psíquico del Homo Sapiens a dos entidades: yo narrado y el yo experimentador se deja afuera gran parte de referentes teóricos de la psicología: el psicoanálisis de Freud y sus seguidores posfreudianos (Alfred Adler, Karen Horney, Carl Gustav Jung, Fromm, etc., el humanismo de Rogers, la terpia Guestalt de Perls, el enfoque de la psicología humanista, la terapia cognitiva, etc., etc.

Los estudios de la mente se reducen a esos dos conceptos del yo. La psicología ha invertido muchas vidas traducidas en estudios cualitativos, cuantitativos y publicaciones científicas para ganar credibilidad frente a al paradigma positivista y ahora, ese siglo XX de avances psicológicos cuanta muy poco para Harari. La mente humana es mucho más compleja, no la conforma un yo narrador y un yo experimentador.  

El Homo Sapiens está reducido a números, a un algoritmo descifrable. Siendo su valor numérico puede ser predecible y cuantificable. El número no da cabida a otra alternativa. No es la primera vez que el Homo Sapiens es reducido a números, Harari da carpetazo contundente a la tesis de Carrel y a muchos pensadores que han descrito la condición humana desde diferentes perspectivas. Ya no hay incógnita, ya no al misterio, solo hay datos por recabar para conocer al Homo Sapiens por dentro y por fuera, controlarlo y guiarlo. El paradigma positivista se legitima.  

Aunque los argumentos que muestra Harari son “datos” que provienen de la biología, ingeniería genética, inteligencia artificial, Google y Facebook, probados experimentalmente, no dejan de ser cuestionables. Por ejemplo, Google, una de las tareas principales de sus programadores es que encuentren el algoritmo perfecto para desempeñar los movimientos mentales de lo que se ha dado en describir como la terea del conocimiento (Carr, 2010, p. 172). Descubierto el algoritmo, todo se volvería predecible. ¿Será?  

Diversos estudios neurocientíficos y biológicos han demostrado las bondades de la plasticidad cerebral; Young (citado por Carr, 2010, p. 27) sostuvo que   la estructura del cerebro podría de hecho estar en un estado de flujo constante, adaptándose a cualquier tarea que se le encomendase. Hay pruebas de que las células de nuestro cerebro literalmente se desarrollan y aumentan de tamaño con el uso, así como se atrofian o consumen por falta de uso.  

Esta cualidad del cerebro ampliamente probada por múltiples experimentos pone en entredicho la predictibilidad del comportamiento humano. Si el cerebro está en constante cambio, difícilmente podríamos predecir su sistematicidad bioquímica a la perfección. El algoritmo parece ser para Harari lo que para Stephen Hawking la teoría del todo.  

Continuando con las reflexiones de Carrel, encontramos la siguiente cita: “Aumentar la instrucción del público, levantar el nivel científico de las universidades, promover la paz entre las naciones, prevenir las enfermedades infecciosas, mejorar la salud y el bienestar de todos, gracias a los métodos científicos” (1935, p.128). En Homo Deus, el Internet de Todas las Cosas es una de las claves para el desarrollo del Planeta Tierra. El hambre, la peste y la guerra son solo recuerdos del antiguo humanismo sangriento y sentimental; Harari, como se citó anteriormente, plantea como asuntos por resolver de la humanidad: vencer la muerte, lograr la dicha y ascender a la divinidad. Homo sapiens a Homo Deus. Ser dioses es desarrollar superhumanos a través de las prácticas del movimiento eugenésico por medio de: la ingeniería biológica, ingeniería ciborg, ingeniería de seres no orgánicos. Ciertas investigaciones que cita Harari muestran que ya es una realidad (aunque en etapa infantil) la experimentación de la manipulación del ADN. Tarde que temprano los dogmas religiosos caerán y el mundo verá nacer a los primeros superhumanos.  

Dice Carrel (1935) “para la perpetuación de una élite, el eugenismo es indispensable, porque os evidente que una raza debe reproducir sus mejores elementos” (p. 133). Un lado aterrador, en la perspectiva de Harari, es que los superhumanos algún día extinguirán al Homo Sapiens y dominarán el mundo, relegando al Homo Sapiens a un sitio inferior, como el que actualmente le otorgamos a los animales. ¿Cómo cohabitarán ambos tipos de humanos, cómo interactuarán? Es un misterio.

Hace 8 años leí el libro La civilización empática en el que Rifkin fundamenta los orígenes de los vínculos empáticos y sus alcances en el destino de la humanidad. La tesis que propone la defiende con las leyes de la termodinámica, principalmente con la segunda Ley “que establece que la energía sólo cambia en una dirección: de utilizable a no utilizable, de disponible a no disponible, del orden al desorden” (2010: 37). En este sentido, lo que intenta decirnos Rifkin es que, aprendamos a coexistir en el Planeta Tierra creando un orden sociopolítico sustentable, respetemos la naturaleza y sus recursos, utilicemos la energía renovable y no nos autodestruiremos. La llave mágica para saber coexistir en armonía es instalación de una civilización empática. Establecer vínculos empáticos es el camino de la humanidad. De lo contrario, lo que tenemos no volverá (como la segunda ley). En otras palabras, nos autodestruiremos por nuestra pobre capacidad empática.  

Será muy importante aumentar el conocimiento respecto a nuestras relaciones humanas hoy, y en el futuro, ya se trate de plantearnos la pregunta si conviviremos mayormente con robots algorítmicos, con superhumanos o simplemente con más Homo Sapiens. De lo que sí somos conscientes es que en la actualidad la tecnología sí está impactando en nuestras relaciones y en los procesos cognitivos. Por ejemplo, la televisión modifica primero, y fundamentalmente, la naturaleza misma de la comunicación, pues la traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmitida) al contexto de la imagen (…) lo que implica, según Sartori (1997) una regresión fundamental: el empobrecimiento de la capacidad de entender (pp. 41-49). La Red fomenta la lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial (Carr, 2010: 31). Hemos creado un vínculo (no empático) con el internet que aún se desconocen sus alcances; “internet se convierte en el medio comercial por excelencia para la mercantilización de todos y cada uno de los aspectos y escenarios de nuestras vidas” (Rifkin, 2010: 571).  Harari (2016)  describe un escenario futurista en el que el progreso tecnológico no querrá escuchar nuestras voces interiores: querrá controlarlas (Harari, 2016: 397).  

El autoconocimiento  

En el mundo donde reinará el Homo Deus,  no seremos dueños de nuestra búsqueda interior. “No deberemos perder tiempo con la filosofía, la meditación o el psicoanálisis, sino hacer acopio de forma sistemática de datos biométricos y permitir que los algoritmos los analicen por nosotros y nos digan quiénes somos y qué deberíamos hacer” (Harari, 2016: 362-363). Nuestro libre albedrío no existe. Avances científicos prueban que el cerebro humano es un conjunto de reacciones e impulsos bioquímicos que pueden ser predecibles. Entonces, sin libre albedrío y una corteza cerebral que nos determina, ¿qué nos queda? ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿qué somos?

En esa concepción, no hay espíritu, alma, solo animales (Homo Sapiens) con un grado más de inteligencia por encima de otros animales inferiores, somos máquinas humanas algorítmicas fáciles de controlar y predecir. Dice Burgess en uno de los diálogos de La Naranja mecánica: el sacerdote de la cárcel y Alex el protagonista identificado como el reo  Número 6655321 que sería sometido a la técnica Ludovico la cual lo hará “buena persona”:   Sacerdote: El problema es saber si esta técnica puede hacer realmente bueno a un hombre. La bondad viene de adentro, 6655321. La bondad es algo que uno elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre. (1976: 49)  

Vaya, ¿qué diría Emmanuel Mounier, Carl Rogers y el resto de los existencialistas? Qué difícil aceptar esta tesis cuando más de un siglo hemos transitado por el humanismo con todo y sus éxitos y fatalidades. ¿En qué puesto dejaremos a las tradiciones milenarias y filosofías que nos han mostrado no solo a un ser espiritual, sino los caminos para llegar al Ser? El lenguaje ya no es la casa del Ser (Sloterdijk, 2000: 8), ahora será el Internet de Todas las Cosas que los mismos humanos han creado,   y que podría acabar extendiéndose fuera de la planta Tierra para cubrir toda la galaxia e incluso todo el universo. Este sistema cósmico de procesamiento de datos será como Dios. Estará en todas partes y lo controlará todo, y los humanos están destinados a fusionarse con él (Harari, 2016: 414).  

En 1970 el psicólogo y filósofo Erich Fromm ya advertía algo parecido en su obra La revolución de la esperanza, dice: “en el consiguiente proceso social, el hombre mismo, bien alimentado y divertido, aunque pasivo, apagado y poco sentimental, está siendo transformado en una parte de la maquinaria total” (p. 9).  

¿Será este el puesto del hombre en el cosmos (Scheler, 1938)? O, ¿su puesto que ha sido enaltecido por Scheler al estatus de “persona con espíritu e inteligencia” y además diferenciado rotundamente del animal y el reino vegetal, acaso será reducido y confinado a ser solo un algoritmo más que alguna vez reinó la cadena alimenticia y que ahora debe ser controlado por el Internet de Todas las Cosas?   

El sentido de vida  

En la Edad Media no había de qué preocuparse sobre la existencia humana. Todos sabíamos de dónde veníamos, qué teníamos que hacer y hacia dónde iríamos: al cielo o infierno. Fuimos dominados por siglos por el dogma cristiano y sus creencias medievales. Posterior a ello, con el advenimiento del Renacimiento gran parte del mundo prefirió adoptar a Natura y a su descubridor Charls Darwin. Las ideas clásicas de teocentrismo y las de Natura entraron en disputa respecto a quien merecía la patria potestad sobre los humanos. La discusión aún es vigente. Ahora hay otro que entró a la disputa, se trata del Internet de Todas las Cosas como se ha venido describiendo a lo largo de estas páginas. El internet aparte de que está moldeando las interacciones humanas, también está resignificando el mundo interior de las personas. Conectarse a internet es más que eso, conlleva otras connotaciones. Todos hemos sido testigos de personas que pierden la señal de su Smartphone, se quedan sin plan o se les descargó la batería y vemos como entran en crisis ya sea porque están cerrando una transferencia bancaria, un negocio, estaban en medio de una discusión, se les ponchó una llanta y buscaban auxilio, por ejemplo. Lo cierto es que ha sido tanta la dependencia a los dispositivos electrónicos que en ocasiones terminan por definir nuestro sentido de la existencia. “La máxima cartesiana pienso, luego existo y la máxima de la psicología humanista participo, luego existo han sido sustituidas por una nueva máxima: Estoy conectado, luego existo” (Rifkin, 2010, p. 562). Carr (2010) asevera, si los adolescentes dejan de enviar un mensaje, corren el riesgo de volverse invisibles (p. 135). En el futuro prometedor de Noah (2016) para los verdaderos creyentes (del Internet de Todas las Cosas), estar desconectado del flujo de datos supone arriesgarse a perder el sentido mismo de la vida (pp. 419-420). Pero a Noah no le importa, al fin de cuentas el Homo Sapiens será una raza inferior ante el superhumano y si el ser humano es reducido a un algoritmo, no creo que sería una fatalidad si alguno de sus creyentes perdiera el sentido de la vida. Simplemente será un algoritmo que dejó de funcionar, presentó fallas en sus sistemas y murió.

El sentido de vida es un concepto del humanismo y lleva consigo un cúmulo de defensores: filósofos, shamanes, psicoterapeutas, existencialistas, consteladores familiares, etc. No entiendo porque Noah hace esta cita en su libro ya que él es un defensor de la teoría de la evolución y no leo la lógica. ¿Cómo un animal es capaz de cuestionarse sobre su sentido de vida? Noah también es un ser parido de ese humanismo sentimental, emocional y religioso, que él mismo crítica y nulifica.    

CONCLUSIONES  

La mirada rápida a algunas de las principales tesis de Homo Deus y su confrontación con algunos de los pensadores del siglo XX y parte del XXI respecto a la naturaleza del hombre, ha puesto al descubierto puntos de concordancia y desencuentro. Será tarea de otro post poner a discusión otros de los grandes temas de la humanidad y que Harari en Homo Deus aborda de manera explícita y argumentada, como: la existencia del alma, Dios, el Homo Sapiens y el reino animal, el sentido de las cosas, los animales: su inteligencia y emociones, el funcionamiento de la conciencia, el trato que da el Homo Sapiens a los animales inferiores, entre algunos.  

Algunas tesis que expone Homo Deus son presumiblemente bien argumentadas, otras, desde mi parecer, no. Entiendo que Harari es un Doctor con excelente perfil y formación académica en Oxford e Israel y su habilidad para sintetizar la historia de la humanidad es impresionante, sin embargo, no lo sabe todo, él no acumula todas las experiencias ni los puntos de vista de la humanidad, tampoco ha leído los libros que otros ya lo hicieron o ha recorrido los caminos que otros han hecho. Sus tesis son cuestionables, debatibles y hasta superables por otras. Diría en sus mismas palabras, “por otras ficciones parecidas a las de él”. Esto no quita el impresionante valor predictivo que recubre a la historia.  

Los que hemos tenido la oportunidad de acercarnos más al séptimo arte enriqueciéndonos con cintas de diferente índole, fácilmente veríamos a Noah como un defensor de ficciones que ya hemos visto en el cine, por ejemplo Wall-e. En la última parte de Homo Deus, cuando se describe al Internet de Todas las Cosas, el gran algoritmo que nadie será capaz de comprender algún día y al que debemos entregar todo lo que somos para que controle nuestra existencia (aunque ya lo está haciendo de diversas maneras), venía a mi mente Wall-e y esa ciber sociedad controlada por “Auto” la computadora de la sonda espacial que transporta a unos humanos obesos que se muestran inútiles, incapaces de hacer algo por sí mismos y que están a disposición de lo les digan y hagan. Aunque no terminan haciendo nada, es más, hasta han perdido la habilidad de caminar. Las máquinas hacen todo por ellos. En la misma idea gira, Yo Robot de Isaac Asimov donde V.I.K.I. la gran computadora que toma conciencia de sí misma intenta proteger a los humanos de ellos mismos; y la secuela de The Terminator que describe un mundo pos apocalíptico gobernado por génesis la máquina con inteligencia artificial  cuya misión es crear cyborgs y exterminar al humano. Parecería que algunas de esas ficciones comienzan a cobrar vida real.  

Una característica de la condición humana es su vulnerabilidad para comprar el producto que está de moda, pero otra es su capacidad de decidir entre lo que considera bueno o malo. Sabiendo que en Homo Deus no hay libre albedrio, me atrevo a defender esta capacidad que nos ayudará a reconocer límites de lo que queremos como futuro, bueno o malo. Carr (2010) menciona que “la ética intelectual de una tecnología rara vez es reconocida por sus inventores” (p. 54). Por ejemplo, alguien hizo un descubrimiento sobresaliente y después se convirtió en la bomba atómica, alguien descubrió la potabilización del agua y salvó vidas pero también abrió un gran mercado de comercialización del agua embotellada; alguien descubrió la pólvora y luego se usó para construir armas y matar seres humanos. Borgess (1976) explica como el libre albedrío está conectado con la moral, maldad y bondad y que éste es inherente al ser humano, si lo perdiéramos estaríamos a merced del Estado Todopoderoso, para quien seríamos como un juguete mecánico al que hay que dar cuerda (p. 7).  

Conozcamos mejor ese monstruo llamado Internet al cual le dimos vida para darle plusvalía a la comunicación y abrir grandes contenedores de información. Usemos nuestra capacidad de juicio, establezcamos nosotros su dirección, formación y límites éticos. Sigamos haciendo tecnologías que nos ayuden a vivir mejor, a superar nuestras debilidades; hagamos algo que beneficie a la humanidad no un algo que termine por controlar y aniquilar nuestra libertad. Lleguemos a grandes acuerdos y no a la entropía planetaria.  

Finalmente en esta sociedad tecnócrata e hiperactiva nos caería bien “para el mundo” como lo dice Don Juan Matus a Carlos Castaneda en su conversión a chaman; dar paso al silencio, la meditación a mirar adentro de sí mismo entrar en transe consigo mismo y tal vez, ver (Castaneda, 1975: 105-109). Dice el filósofo Byung-Chul, practiquemos la negatividad del no… que es, asimismo,   un rasgo característico de la contemplación. En la meditación zen, por ejemplo, se intenta alcanzar la pura negatividad del «no-…», es decir, el vacío, liberándose del Algo atosigante que se impone. La negatividad del «no-…» constituye un proceso extremadamente activo, a saber, es todo menos pasividad. Es un ejercicio que consiste en alcanzar en sí mismo un punto de soberanía, en ser centro. Si solo se poseyera la potencia positiva, se estaría, por el contrario, expuesto al objeto de una manera del todo pasiva (2012: 37)   Estamos a tiempo de no solo mejorarnos biológicamente como humanos y ascender o evolucionar, sino también de dotarnos de disciplina espiritual, encontrar nuestra verdadera esencia, toparnos con nuestra complejidad y algún día comprenderla.  Eso sí será de dioses.  

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS  

Buergess, A. (1976). La naranja mecánica. España: Minotauro pp 112

Byun-Chul Han (2012) La sociedad del cansancio. México: Herder pp. 64

Carr, N. (2010). Superficiales, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? México: Taurus. Pp. 318

Carrel, A. (1935). La incógnita del hombre. El hombre, ese desconocido. México: Gandhi. Pp. 145

Castaneda, C. (1975). Viaje aIxtlán. México: Fondo de cultura económica, pp 370

Fromm, E. (1970). La revolución de la esperanza. México: fondo de cultura económica, Pp. 160

Harari. N. Y. (2016). Homo Deus. Breve historia del mañana. México: Debate. Pp. 490

Rifkin, J. (2010). La civilización empática. México: Paidós. Pp. 703

Sartori, G. (1997). Homo Videns. México: Debolsillo. Pp. 41-49

Scheler, M. (1938). El puesto del hombre en el cosmos. Buenos Arires: Losa S.A. pp. 47

Sloterdijk, P. (1999). Normas para el parque humano. Madrid: Siruela. Pp. 19  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s