De la sociedad del miedo a la civilización empática

Por: Jaime Gómez Castañeda

jaimegomez12@gmail.com

El regreso de las pandemias en la sociedad líquida

El momento que se vive es una buena ocasión para escribir sobre el miedo. El COVID-19 acapara las miradas del mundo. La humanidad que presumía haber superado la etapa virulenta gracias a los inmensos descubrimientos de la biotecnología y la tecnología de la información (Harari, 2016:12), ahora está contra la pared, ordenando al mundo recluirse en sus hogares para ver pasar la peste por las calles o verla morir en los que resistirán o morirán en algún hospital formal o improvisado.

Según el filósofo Han (2012: 7) toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. La época bacterial terminó con el descubrimiento de los antibióticos. El miedo a las pandemias gripales se extinguió gracias a la técnica inmunológica. Ahora, el siglo XXI estará acompañado de las enfermedades neuronales como: la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional.

Ambos autores: Harari y Han, compartieron el argumento de que la humanidad podía darse un respiro profundo de descanso en cuanto a tener que lidiar con pandemias, sin embargo, vivimos una realidad muy distinta de acuerdo al panorama alentador de esos autores. Sociólogos, filósofos, historiadores, psicólogos han dedicado largo tiempo a estudiar el comportamiento de las masas a nivel micro y macro, en la ilusión de ofrecer algún pronóstico confortador o de precaución. Hoy, me convenzo más que la realidad es altamente dinámica, compleja y líquida, como lo refiere el sociólogo Bauman (2013: 17):

“Esta modernidad se vuelve liquida en el transcurso de una modernización obsesiva y compulsiva que se propulsa e intensifica a sí misma, como resultado de la cual, a la manera de líquido – de ahí la elección del término -, ninguna de las etapas consecutivas de la vida social puede mantener su forma durante un tiempo prolongado. La disolución de todo lo sólido.

Esta falta de solidez y permanencia que cita Bauman, es un distintivo evidente del siglo XXI. Hoy, lo que es “tendencia” en twitter o en alguna red social, se diluye en uno o dos días, dando paso a otra “tendencia” que solo será carroña para youtubers e influencers, por uno o dos días. Todo pasa, nada es permanente. La sostenibilidad de las ideas, los argumentos, los discursos, se enfrentan a una inmensa corriente constante de otras ideas, argumentos y discursos que buscan sus 15 minutos de fama en la tv o el internet. Por otra parte, los descubrimientos científicos corren con la desfortuna de ser acumulados en grandes pilas como periódico que se usó solo para leer la sección de espectáculos. Los grandes repositorios de revistas indexadas se abarrotan de artículos que no trascienden ni transforman la vida pública de las sociedades. ¿Es este contexto de sociedad líquida lo que puede salvar a los autores antes citados de sus afirmaciones? Es el tiempo de “la ideología del fin de la ideología” (Bauman, 2013:52).

Cada Generación ha sido bautizada por sus características más generales: Baby Boomers, Generación X, Milenians, Generación Z, Generación Y. Y cada una ha vivido sus grandes miedos. Dice Marina (2006: 16) que, solo el miedo a que la sociedad en que vivimos se desplome, la sensación de hundimiento de una cultura, la pérdida de identidad nacional o religiosa, ha sido uno de los principales que ha acompañado a la humanidad a través de las generaciones. ¿El COVID-19 extinguirá a la humanidad? ¿la sociedad se saldrá de control y todos buscarán un arma para defenderse? ¿Nostradamus predijo el COVID-19 y tenemos que prepararnos para el juicio final? (Meme que me llegó hace un par de semanas). Lo cierto es que el COVID-19 también tiene un destino líquido.

Sociedad del miedo e internet

“Comprender la sociedad a través de la sociedad del miedo” es la tesis del sociólogo alemán Bude (2017: 8) en su libro La sociedad del miedo. Proponiendo una mirada retrospectiva desde principios del siglo XX hasta nuestros días, Bude resalta la vulnerabilidad humana ante algunos de los miedos que han perseguido a la humanidad a través de la historia. La idea central que sostiene a su sociedad del miedo es que el miedo colectivo es el principio elemental de la  política del Estado del Bienestar cuya herramienta para conseguirlo es dirigir el carácter de sus ciudadanos. El estado de bienestar surge con el nacimiento del capitalismo en la mitad del siglo XX. Un Estado encargado de dar protección y asistencia a sus ciudadanos.

Siendo el carácter guiado desde fuera, dice Bude (2017: 19), “el yo pasa a ser un yo de los otros, encontrándose, no obstante, ante el problema de cómo obtener una imagen de sí mismo a partir de los miles de reflejos”. El sociólogo y economista Rifkin (2010: 545) describe la emergencia de un yo teatral en la sociedad de la improvisación. Una sociedad dramatúrgica que indica el impulso de la generación más joven hacia el cosmopolitismo global y la sensibilidad empática universal. Me conecto y luego existo se convierte en la máxima. El internet es el escenario del yo teatral. “La noción de qué es lo que los demás piensan de uno y qué es lo que piensan que uno piensa de ellos pasa a ser una fuente de miedo social” (Bude, 2013: 20). El mundo global ejerce una presión sin precedentes sobre nuestra conducta personal y nuestros valores” (Harari, 2019: 7), pariendo una sociedad convulsionada, enferma y decadente, con millones de enfermos mentales y ahora, de rodillas ante el COVID-19.

El Estado del Bienestar y el internet se dejan ver como dos influencias importantes obre el carácter. Ahora, es muy común ver a las personas con su celular, consultando mensajes, haciendo scroll en su perfil de Facebook, tratando de elegir entre los millones de vídeos en youtube, quizás subiendo su última foto a instagram, creando algún video en tik tok o simplemente entreteniéndose en alguna página de su interés. La sociedad se expone al abandono del libre albedrío y a la sumisión de los guías externos: El Estado del Bienestar e internet.

Tengamos en cuenta que el miedo es una creación del cerebro que toma en cuenta nuestras sensaciones corporales y lo que ocurre en el mundo que nos rodea (Feldman, 2019: 52). Todos tenemos distintos miedos, ninguno se parece, ya que no hay un solo cerebro repetido. La experiencia, de la mano del entorno que nos rodea, hacen la diferencia entre cerebros y miedos. Pero este argumento no empaña la idea de que hay instancias que construyen miedos colectivos que sirven como armas de control masivas.

Decadencia del Estado del Bienestar e influencia del internet

En principio, al Estado del Bienestar se le cuestiona su eficacia y vulnerabilidad ante los cambios globales. La dependencia comercial-económica le sujeta las manos y está a expensas de lo que pase al otro lado del mundo. Rifkin (2010) pronostica el fin del capitalismo y la apertura del capitalismo distributivo sostenido por las energías renovables, el internet y una conciencia global empática. El Estado del Bienestar es una fuente de miedo, ya que una política sin pasiones, sin energías sentimentales, sin la dinámica de psiques que se encuentran y se repelen, sin miedo y sin nostalgia, no es tal política (Bude, 2017: 90). Noah Chomsky (2020) asegura que el COVID-19 evidencia “otro fallo masivo y colosal de la versión neoliberal del capitalismo”. Entonces, cabría preguntarnos ¿muerto el perro, se acabó la rabia? Harari nos responde (2019: 27): “al final del día, la humanidad no abandonará el relato liberal, porque no tiene ninguna alternativa”.

El internet, o, mejor dicho, lo hacen las personas en internet, es otra fábrica de miedo. Ha convertido a gran parte de la humanidad en superficiales que buscan información superficial. Carr (2010) en su libro los superficiales, lo que hace internet a nuestras mentes, escribe un análisis muy detallado de los efectos de ésta nueva tecnología en la sociedad. Según sus estudios, la humanidad no es más inteligente ahora que cuando no tenía internet. Hemos perdido la habilidad de la lectura profunda, la contemplación y la atención. Ahora somos cautivos de la “Iglesia de Google”, seres distraídos y superficiales. Nuestra mente está afuera, en muchos sitios y en ninguno. Guiada desde fuera.

En este medio, el miedo vuelve a los hombres dependientes de seductores, de mentores y de jugadores; (…) el miedo conduce a la tiranía de la mayoría, porque todos se suman por oportunismo a lo que hacen los demás (Bude, 2017: 14). ¿Esta cita les dice algo acerca del pánico contagiado que desató compras “de miedo” en todo el mundo por la llega del COVID-19?

Los efectos de esta guía del comportamiento desde fuera son devastadores. El miedo corrompe las relaciones, los sentimientos, las situaciones, la integridad, el Yo (Marina, 2006:12). La vida humana es frágil, tal como lo dijo el gran mimo Marceau.

Estando a expensas de un Estado liberal y una tecnología que también se encarga de guiar el comportamiento, ¿hacia dónde nos movemos, cuál es el rumbo para asumir la valentía, la seguridad y despejarnos de los miedos?

La civilización empática

Rifkin, cree que la humanidad se encuentra en una encrucijada: entre seguir conservando la energía planetaria acudiendo a las energías renovables o aceptar el destino de la entropía en donde la energía se transforma en una forma que deja de ser utilizable (2010: 37). Su obra, La civilización empática es un llamado a recomponer el ecosistema planetario que vive las últimas décadas de combustible fósil. Así mismo, defiende el capitalismo distributivo como el nuevo sistema de orden social que adoptará el mundo si los planes son continuar viviendo. Este nuevo paradigma es consecuencia de la sociedad empática universal. Con la invención del internet la sociedad se tornó cosmopolita: los procesos de migración se expandieron, el turismo se incrementó, la necesidad de cooperación y colaboración en distintos espacios aumentó, emergieron con mayor fuerza conceptos como: igualdad de género, derechos humanos, libertad de expresión, se refuerza el movimiento de protección animal, la conciencia ecológica afloró con mayor ímpetu, se ha enfatizado el humanismo como bandera promocional de la caridad, la compasión  y el altruismo. Declara Rifkin: “Por primera vez en la historia, estamos a punto de concebir a la especie humana como una gran familia” (2010: 429).

Para Rifkin, el vínculo empático es esencial en la interacción con los demás y estoy seguro que las teorías humanistas le darían la razón por completo, porque saben del impacto de la empatía en el desarrollo humano. Por ejemplo, la terapia centrada en la persona se sostiene en la definición de relación de ayuda que describe Rogers en El proceso de convertirse en persona (1992: 27-30). Seligman (2011: 70-60), para algunos considerado el Padre de la psicología positiva, recurre a las fortalezas y virtudes más citadas en tradiciones filosóficas antiguas y religiosas para encontrar la felicidad auténtica: el ejercicio de la bondad, optimismo, altruismo, gratificación y la exaltación de las emociones positivas crean felicidad y longevidad.

La empatía nos acerca y conmueve, permite compartir nuestra humanidad de diferentes formas y elimina el miedo. Ahora, en pleno COVID-19 hemos sido testigos de múltiples expresiones empáticas que calman ansiedades, quitan el hambre, ofrecen protección, alivio, compañía, resignación, consuelo, alivio, felicidad y la sensación de no sentirse solo en medio de la pandemia.

Quien establece un vínculo empático cura al otro y se cura así mismo, porque el vínculo resalta un estado de ánimo positivo que ayuda a la prevención de la depresión y los estragos del envejecimiento (Seligman, 2011: 54, 70). Empatizar y hacer algo con esa conexión que experimentamos nos permite sentir un estado corporal diferente que nos llama a ser compasivos, piadosos, altruistas, solidarios, amigos, hermanos, padres del otro. La empatía nos recuerda que tenemos neuronas espejo y que deben servir para algo, no solamente de adorno neuronal.

Los obstáculos de la civilización empática

Pero no todos están en la misma sintonía, en el entusiasmo de activar sus neuronas espejo con los demás para compartir el miedo y combatirlo juntos. ¿Qué se requiere hacer? ¿Podremos llegar a consolidar una civilización empática como lo cita Rifkin? Debemos reconocer que una tarea como esta es una utopía. Estar en la disponibilidad de entablar un vínculo empático no es fácil. A algunas personas se les facilita en mayor medida la sensibilidad empática, mientras que, a otras no. Los factores biopsicosociales de la persona juegan un papel muy importante en esta afirmación. En el plano biológico, tanto nuestras expectativas como nuestra felicidad están determinadas por nuestra bioquímica, más que por nuestra situación económica, social o política (Harari, 2014: 47). Al nacer con una estructura bioquímica determinada se nos pone en una situación especial para interactuar con el mundo y sus culturas.

De igual manera, la psicología tiene mucho que hablar al respecto. Los estudios de caso que ha acumulado durante años, dicen que los vínculos afectivos primarios (con papás) son fundamentales para entender la vida emocional de las personas. Los teóricos de la inteligencia emocional y Seligman estarán de acuerdo en que ciertos conceptos como la empatía, el altruismo, solidaridad, la compasión, tienen mayor impacto en la vida futura si se educan y forman en la niñez. Podemos decir que, la creación de un vínculo empático depende de la educación emocional de la persona.

Como se ha mencionado, el gran colectivo que habita, diseña e interactúa en internet, toma su parte en la conducción del comportamiento humano. Forma parte de la cultura y sus efectos son incontables: yendo desde la promoción de un estilo de vida saludable, hasta la difusión del racismo y el asesinato. El internet es multifacético, una herramienta cultural ingeniosa sin código ético. Feldman, neurocientífica emergente, dice que “el mundo exterior ayuda a cablear nuestro cerebro” (2019: 198). Hay un acuerdo en la neurociencia respecto a que “nacemos con algo de cableado cerebral determinado por nuestros genes, pero el entorno puede encender y apagar algunos genes permitiendo que el cerebro se cablee a sí mismo en función de nuestras experiencias” (Ibid: 202). La sociedad es una variable a tomar en cuenta en la génesis de los miedos como de otras conductas.

Estamos ante una empresa difícil. Queda claro que lograr la civilización empática, como tal, es una utopía, pero en determinada medida es una buena medicina para vencer algunos miedos contagiosos, como al COVID-19 u otros que se han colado generación tras generación.

Conclusiones

Tengamos en cuenta que, al lado de los miedos que se pueden vencer, están los miedos patológicos, esos que derivan de un incorrecto funcionamiento de la bioquímica cerebral junto con las experiencias que la activan. Fobias sociales, episodios de pánico, angustias y ansiedades, todas estas y otras más que no citaré, deben tener un trato especial desde un enfoque de la salud multidisciplinar.

Es claro que la condición humana es frágil y vulnerable. Los miedos intencionados, que provienen desde fuera, pueden abordarse y mitigarse con las siguientes sugerencias:

1)Asumir un hábito de lectura constante entre narrativas que yo les llamo “de descanso y recreación” como la literatura, y textos de fuente confiable que me ayuden a comprender mi condición y el mundo, aquí serán recomendables los libros de sociología, historia y ciencias de gusto particular. Mantener un ritmo constante de lectura trae distintos beneficios: incrementamos nuestro bagaje conceptual y cultural, aumentamos el autoconocimiento, desarrollamos la sensibilidad empática, así como la inteligencia emocional. Esta recomendación estimula ampliamente la neuroplasticidad que nos permite actualizarnos, hará que “nuestro cerebro combine conceptos para formar otros nuevos, y cambiar nuestro sistema conceptual proactivamente” (Feldman, 2019: 230). Verán que leer fuentes confiables nos dará seguridad y valentía. Perderse en la información superficial nos pone en manos del mejor postor. Leer es una actividad meditativa (Carr, 2011).

2)Practicar la sensibilidad empática. No podemos echar en saco roto los hallazgos de la terapia humanista de Rogers, así como el aporte de la psicología positiva de Seligman quien presidió la Asociación Americana de Psicología en 1996. Experimentar el altruismo, compasión, solidaridad, optimismo, bondad, gratitud y empatía nos hace tocar nuestra verdadera humanidad en un mundo en el que se nos olvida a veces que existe. La sensibilidad empática diluye el miedo y crea la unión. Practiquémosla en pares o en grupo.

3)Otra buena recomendación es tomar un proceso psicoterapéutico donde experimentaremos un vínculo empático cuyo objetivo siempre será acompañar hasta llegar a la dilución de nuestros miedos. En diversas fuentes que he leído recomiendan la terapia cognitivo conductual cuya principal técnica es el trabajo con “creencias” o conceptos distorsionados. A parte de ésta, hay otras alternativas terapéuticas como la Terapia Gestalt y el enfoque sistémico, todas con el mismo objetivo: mejorar la calidad de vida de las personas.

4)Aunado a estas sugerencias, la práctica del Yoga y la meditación también son fuentes de ayuda para eliminar los miedos que están a nuestro alcance. Ambas técnicas se centran en la focalización de la atención: se adiestra a girar el periscopio desde el afuera, al adentro, al Yo. La práctica de estas disciplinas provoca la reflexión, tranquilidad, paz y contemplación; entre algunos de sus aportes.

5)Practicar el buen humor. Esta recomendación está más que practicada hoy en día. Cada instante, se suben a internet “memes” o vídeos chuscos exponiendo el lado cómico de las situaciones. El famoso Patch Adamas ha dedicado su vida a convencer al mundo de que la risoterapia tiene grandes efectos positivos en la salud de las personas. Nunca dejemos de reír. “El hombre medieval sentía la risa como un triunfo sobre el miedo” (Bude. 2017: 108)

La civilización empática es un excelente concepto, pero la humanidad aún no está preparada para asumirlo con firmeza, porque vivimos en un sistema capitalista liberal, individualista y la civilización empática acude a la unificación, la solidaridad y cooperación.

En una publicación reciente por la cadena de noticias CNN (Chile), del 26 de marzo del 2020, Harari, Byung y el filósofo esloveno Slavoj Zizek ofrecieron sus puntos de vista respecto a la crisis mundial por el COVID-19:

Slavok, plantea, metafóricamente, que el COVID-19 acarrea un virus ideológico: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado nación, una sociedad que se actualice así misma en forma de la solidaridad y la cooperación global. Harari habla de la necesidad de generar mecanismos reales de colaboración global. Para él, la gente es la clave. Una población motivada y bien informada suele ser mucho más poderosa y efectiva que una población ignorante y vigilada. Byung augura la propagación de un Estado policial digital al estilo chino –al que él le atribuye el triunfo chino sobre el COVID-19-, ya que, el virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución.

En una entrevista que se hizo al historiador Harari por la agencia de noticias EFE.COM, reconoce la necesidad de establecer lazos de solidaridad, confianza y cooperación entre las naciones:

Necesitamos cooperación global más que nunca, las organizaciones internacionales son relativamente débiles. No sé qué va a pasar, pero espero que la gente se dé cuenta con la crisis del error que hemos cometido al debilitar la solidaridad y cooperación internacional, y que al final de esta crisis salgamos con organizaciones internacionales más fuertes y con una profundización de la solidaridad global que nos ayudará a lidiar no solo con esta crisis, sino con otras en el futuro (2020).

No podemos negar que gracias al COVID-19 la humanidad podría experimentar grandes cambios a favor de una conciencia global más empática. Pero tendría que instalarse otro tipo de orden social que sincronizara a la humanidad de manera más permanente y constante, no solo en tipos de crisis.

Lo que nos deja el sueño de una civilización empática es el compromiso de voltear hacia nuestra humanidad, de no olvidar que nos tenemos los unos a los otros para vencer los miedos y olvidar de tajo la vieja frase de Plauto (250 A.C) y que después popularizara el filósofo Thomas Hobbes (1651) “El hombre es el lobo del hombre”.

Te invito a ver la videoconferencia que resultó de este análisis contextual

Gómez C. Jaime (Nota del Autor). [2020 abril 30] Video conferencia: “De la sociedad del miedo a la civilización empática”. [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=THYEiJcuGKA

[La octava]. (2020 abril 22). José Mujica y Chomsky aseguran que el coronavirus está mostrando el fallo masivo del capitalismo. [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=txbH4lJC4Bs

Baum Z. (2013) La cultura en el mundo de la modernidad líquida. México. Fondo de cultura económica.

Bude H. (2017) La sociedad del miedo. Barcelona. Herder.

Carr N. (2011) Superficiales, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? México. Taurus.

CNN Chile (26 marzo 2020) El COVID-19 mutó para convertirse en una amenaza política: Análisis de Žižek, Byung-Chul Han, Naomi Klein y Harari. [Mensaje en un blog]. CNN Chile. Recuperado de https://www.cnnchile.com/coronavirus/slavoj-zizek-byung-chul-han-naomi-klein-yuval-noah-harari-crisis-pandemia_20200326/

Duer, P. (6 de abril de 2020) Harari: Elegiremos entre unir a la humanidad o el egoísmo y los nacionalismos.[ Mensaje de blog]. EFE.COM. Recuperado de https://www.efe.com/efe/espana/portada/harari-elegiremos-entre-unir-a-la-humanidad-o-el-egoismo-y-los-nacionalismos/10010-4214251

Feldman. B. L. (2019) La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones. México. Paidós.

Han B. (2012) La sociedad del cansancio. Barcelona. Herder.

Harari Y. (2014) De animales a Dioses. México. Debate.

Harari Y. (2016). Homo Deus. México. Debate.

Harari Y. (2019) 21 lecciones para el siglo XXI. México. Debate.

Marina J.A. (2006) Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía. Barcelona. Anagrama.

Rifkin J. (2010) La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. México. Paidós.

Rogers C. (1992) El proceso de convertirse en persona. México. Paidós.

Seligman. M. E. (2011) La auténtica felicidad. México. Penguin Random House.

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