Después de la muerte

Jaime Gómez Castañeda (2020) Anochece

Vida y muerte son dos estados de la materia que la ciencia y las culturas ha conceptualizado de innumerables formas. En ocasiones han llegado a acuerdos, en otras no. Por ejemplo, hay evidencia científica que explica el proceso del envejecimiento que termina en la muerte inminente del organismo; pero no hay un consenso generalizado del origen de la vida y como ésta se mantiene motivada para seguirse desarrollando a través de los años. Algunos científicos, como el neurocientífico Antonio Damasio (2019) proponen que el motor impulsor de la vida es la homeostasis, el proceso organísmico autónomo regulador de la vida desde la existencia de la célula procariota (célula sin núcleo). Las propuestas de la ciencia las conocen unos cuantos, mientras que la cosmovisión religiosa (cristianismo, budismo, hinduismo) del origen y sentido de la vida la saben millones.

Estimado lector, en este artículo no lo voy a incluir en un debate científico, religioso y filosófico. Solo dejo en claro que estamos frente a dos conceptos que tienen muchos ángulos de abordaje y que sería difícil encontrar una salida cuando la humanidad ha gastado milenios en llegar a ella. Me enfocaré en conversar con usted sobre el qué hacer después de la muerte de un ser querido. Atender nuestras emociones en esos momentos de la vida, resulta mucho más provechoso que entrar a un debate antiguo sobre la vida y la muerte que seguramente continuará durante largo, largo tiempo.

Contenido

  1. ¿Qué es el duelo?
  2. El origen del dolor emocional en el duelo
  3. ¿Qué podemos hacer después de la muerte?

1.-¿Qué es el duelo?

Es la reacción bio-psico-social que viven las personas después de la muerte (pérdida) de un ser querido. Debemos aclarar que no todas las pérdidas implican un proceso de duelo. Comúnmente se dice que la terminación de una relación amorosa, el cambio de residencia, la pérdida de objetos, las transiciones de las etapas de la vida, implican la vivencia de un duelo. Desde la última década del silgo XIX ya se documentaban casos que explicaban las características del proceso de duelo. Sigmund Freud en 1914 publicó el artículo “Duelo y melancolía” en el que define el proceso de duelo y su diferencia con la melancolía. Aunque no es el tema de abordaje la melancolía, si nos es útil este escrito para resaltar lo que define al duelo de otras experiencias. Dice Freud, el duelo sólo es desencadenado por la pérdida real, la muerte del objeto (persona) (1914: 10).

Los cambios que la persona experimenta son variados, depende el tipo de apego que construyó con su familiar. Es verdad que no todas las muertes impactan por igual aún si perdiéramos familiares cercanos. El apego definirá en gran medida cómo debe trabajar su duelo la persona. Hablemos del apego, como principal fuente del dolor y sufrimiento en el proceso de duelo.

2.-El origen del dolor emocional en el duelo

Los humanos poseemos un sistema nervioso altamente desarrollando que nos diferencia por mucho de otros animales y nos ha dado la oportunidad de escalar a lo más alto de la cadena alimentaria, pero también ese sistema biológico complejo está diseñado para experimentar emociones de todo tipo, lo que convierte al homo sapiens en un ser frágil. En otras palabras, en un “trátese con cuidado”. El famoso mimo Marceau, fallecido en 2007, vestía un suéter a rayas y un maltratado sombrero de copa decorado con una flor, que representaba la fragilidad de la vida (Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Marceau). Podemos ser tan inteligentes como para viajar al espacio exterior y al mismo tiempo descubrirnos en una profunda depresión incapacitante por la muerte de un ser querido o quizás porque nuestra bioquímica cerebral un día decidió ya no producir más los neurotransmisores que mantenían la aparente “normalidad” en nuestra persona. Somos Homo sapiens “frágil”.

La ciencia ha descubierto que todos poseemos un umbral del dolor que es la intensidad mínima a partir de la cual un estímulo se considera doloroso; ésta no es constante en todos los sujetos ni a lo largo de la vida, sino que, se ve influenciado por la genética, factores sociales y emocionales, entre otros (Rodríguez, 2014:141). Cuando se experimenta la pérdida de un ser querido no solo actúa nuestro umbral del dolor para decirnos qué tanto resistiremos, también se agrega un factor emocional importante, el apego.

El apego que construimos con el ser perdido, dirá mucho de nuestro dolor y sufrimiento, así como del pronóstico para salir pronto o tarde del proceso de duelo. Pero ¿por qué construimos apego con los demás? El apego es un vínculo emocional y todo lo que sabemos de vínculos emocionales lo aprendimos en la infancia, de nuestros cuidadores principales (papás, abuelos, tíos, hermanos, etc.). Se identifican dos tipos principales de apego: seguro y el ansioso. El apego seguro es el resultado de la atención y satisfacción de gran parte de las neceases afectivas del niño; el apego ansioso es el que desarrolla el niño que fue privado de lo anterior. El estudio que llevó a cabo Bowlby (citado por Rifkin, 2010:76) con niños huérfanos separados de sus familias a causa de la Segunda Guerra Mundial, definió estos conceptos.

El tipo de apego que aprendimos definirá en gran parte los vínculos que formaremos en la edad adulta. Si mi historia emocional estuvo educada por apegos ansiosos muy probablemente mis relaciones afectivas incluirán ese matiz. Quizás esta sea la justificación más idónea para decir que no todas las muertes nos duelen igual.

En cierta ocasión asistí a un funeral en cuya familia habían perdido a un familiar cercano cada año. Yo pregunté a uno de los sobrinos que cómo se sentía y el me respondió, “ya me acostumbré a esto, ya no siento igual como cuando falleció mi mamá”. Indiscutiblemente él había extendido su umbral del dolor, pero también pude darme cuenta que, los familiares que fallecieron después de su madre, eran personas distantes para él, según mi diagnóstico rápido. Pero también puede estar el hecho de que evadió mi pregunta para no expresar lo que realmente estaba ocurriendo en esos momentos.

Después de la muerte de un ser querido, se expresa el apego a través del dolor y sufrimiento. Si disfrutamos de un apego seguro en la infancia y además creamos un vínculo significativo con el ser perdido, es probable que nos derrumbemos y caigamos en la experiencia del dolor. Un tipo de dolor que se sostendrá en la negación total de la muerte. Un dolor que exige el regreso de la persona que le causaba tanto placer. El apego nos impide movernos. Paraliza lo realmente importante de nuestras vidas y se estanca en el pasado con aferramiento, hasta el grado de convertir el proceso de duelo en algo patológico (enfermo).

Los humanos creamos vínculos afectivos porque somos emocionales y nos rige un principio de placer. Aunque suene un tanto pscoanalítico, yo le pregunto, amable lector(a), ¿no estamos aquí para ser felices? ¿para compartir momentos? ¿reír juntos? ¿encontrar un o una compañero(a) de vida? ¿dar y recibir afecto? Por algo el ser humano ha vivido en grupos a lo largo de la historia.

Después de la muerte de esa persona, nuestro trabajo es poner fin a ese apego afectivo placentero que ya se rompió. ¿Qué podemos hacer después de la muerte?

3.- ¿Qué podemos hacer después de la muerte?

Enfrentar la muerte de un ser querido con quien formamos un vínculo significativo es una de las experiencias emocionales más difíciles de trabajar. Ahora contamos con amplia información en internet: artículos, investigaciones, libros, videos, técnicas psicológicas, películas, gurus y mucho más, que hablan de cómo superar la pérdida. Nos invitan continuamente al “hágalo usted mismo”. Pero no basta. El proceso de duelo implica entregarse al trabajo personal que demanda esta tarea. En otras palabras, enfocarse en sí mismo y enfrentar el gran reto de superar la pérdida, no evadir. Siempre será aconsejable tomar un proceso psicoterapéutico ya que la terapia es una ocasión para actualizar nuestros conceptos sobre las pérdidas. ¿No les ha pasado que nuestros conceptos de algún tema se ven removidos y cambian cuando escuchamos a alguien que nos ofrece otras alternativas? Esto mismo ocurre en el consultorio. Aunque no vamos a que nos den recetas mágicas o consejos, el entablar un vínculo de escucha activa y respetuosa con un profesional ayuda en mucho a caminar por el proceso del duelo.

El proceso de duelo está constituido por etapas, las cuales, varían de autor en autor. Creo que el único consenso que se ha logrado es el definir la etapa uno y la final: 1) La negación y última la aceptación. En medio hay muchas con diferente nombre. El segundo consenso logrado es decir que un año es el período adecuado para aceptar la pérdida de manera saludable. “Pasado cierto tiempo desaparece sin dejar tras sí graves secuelas registrables” (Freud, 1993:8). Los duelos que se posterguen después de 2 o más años se pueden tornar patológicos, desarrollando depresión profunda o alguna psicopatía. Estimado(a) lector(a) ¡no esperamos más!

En primer lugar, le invito a reconocer que es mejor aprender a poner las cosas en su lugar que estar observando un desorden. La psicoterapia le ayudará a ordenar su mundo emocional y despedirse saludablemente de su ser querido. Practicar algún tipo de meditación le caerá esplendido a su proceso. La meditación budista, por ejemplo, es un método para observar nuestra mente e incrementar la inteligencia emocional (Harari, 2018, Feldman, 2019, Damasio, 2019). En la actualidad, neurocientíficos han abordado la práctica meditativa como objeto de estudio.

Otra alternativa que puede ser eficaz tanto para entender el proceso del duelo como para orientarse en su caminar, es el libro El camino de las lágrimas del psicoterapeuta Gestáltico Jorge Bucay. Es una fuente bibliográfica que mezcla su enseñanza con cuentos metafóricos. Su lectura es muy accesible, libre de tecnicismos. La propuesta de Bucay es hablarnos del camino del duelo y cómo llegar a su fin de manera saludable previniéndonos del duelo patológico. Les comparto una parte del libro donde describe cuáles serían las etapas del camino de las lágrimas:

1-Permitirte estar de duelo. 2-Abrir tu corazón al dolor. 3-Recorrer el camino requiere tiempo. 4-Sé amable contigo. 5-No tengas miedo de volverte loco. 6-Aplaza algunas decisiones importantes. 7-No descuides tu salud. 8- Agradece las pequeñas cosas, 9-Anímate a pedir ayuda. 10-Procura ser paciente con los demás. 11-Mucho descanso,  algo de disfrute  y una  pizca de diversión. 12-Confia en tus recursos para salir adelante. 13-Acepta lo irreversible de la pérdida. 14-Elaborar un duelo no es olvidar. 15-Aprender a vivir  sin algo. 16-Centrate en la vida y en los vivos. 17 Define tu postura frente a la muerte. 18-Vuelve a tu fe (Bucay, 2011:83-96).

Recuerda que solo un libro no te va a sacar adelante. El proceso de duelo es complejo y las recetas mágicas que hay en internet o en libros no siempre encajan en cada persona, ya que cada quien creó una historia personal diferente con su ser querido. Los apegos son distintos, de tal modo que el recorrido por el proceso de duelo será también distinto. La mejor técnica psicológica será aquella que te ayudó verdaderamente a vivir mejor después de la muerte.

Se pueden escribir tantas hojas se imagine respecto al proceso del duelo, la única certeza que conservo después de haber sufrido pérdidas es que mostrarse frágil y vulnerable en ese proceso facilita el fluir de las emociones y la rápida comprensión del acontecimiento. Y si es compartido el proceso de duelo con un(a) psicoterapeuta, mucho mejor.

Estimado(a) lector(a), tus preguntas y comentarios serán muy bien recibidas y contestadas en este sitio. Porque hablar del duelo, también es terapéutico.

Silvio Rodríguez [dortega12] (s/f) Tu fantasma. [Archivo de video], recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=DbMla_j4oMw

Bibliografía

  1. Bucay, J. (2011) El camino de las lágrimas. México. Oceano express.
  2. Damasio, A. (2019) El extraño orden de las cosas. México. Ariel.
  3. Feldman, L. (2019) La vida secreta del cerebro. México. Paidos.
  4. Freud, S. (1993). Duelo y melancolía (1914). Buenos Aires. Amorrourtu.
  5. Harari, Y. (2018) 21 lecciones para el siglo XXI. México. Debate.
  6. Prado, M. (2014) Dolor, investigación, clínica y terapéutica. Dolor. Vol. 29, Nº. 4, 2014, págs. 141-145
  7. Rifkin, J. (2010). La civilización empática. México. Paidos.
  8. Rodriguez, S. (1984) Triptico, volmen 3. Fonomusic.
  9. https://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Marceau

2 comentarios sobre “Después de la muerte

  1. Despues de la muerte,la materia queda aqui en la tierra y el que es creyente,nos elevaremos en una espiritualidad no se como será,pero nos elevaremos a la eternidad ese testamento de FE QUE HICIMOS EN LA TIERRA CON NUESTRO PADRE ETERNO Y SALVADOR ,DIOS CREADOR DE CIELOS Y TIERRA!!.
    TE VEO MUY INTELIGENTE,SIN TRANSPARIENCIA DE FE.
    MIS SALUDOS PARA TI.

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