La sabiduría del azar bioquímico

Estimada(o) lectora(or), alguna vez ha escuchado la frase “ponga la mente en blanco”. Seguramente sí. Que yo recuerde, era la consigna habitual para todo aquel que pretendía ejercitar la meditación. Poner la mente en blanco se convertía en una gran travesía de concentración total y en algunas veces, de desesperación por no lograrlo. Le confieso, yo no lo he logrado, y vaya que en la maestría que estudié, dediqué bastante tiempo a las actividades de atención plena y meditación. Se dice que gran Buda lo consiguió y le llamó a ese estado “iluminación” o “experiencia satori”. En la actualidad, neurocientíficos, están recomendando ejercicios de meditación y técnicas de atención plena para aprender a regular la actividad cerebral afectada por las emociones, el estrés o para erradicar la ansiedad y depresión (Feldman, 2019, Damasio, 2019, Blackburn y Eppel, 2017). Hace 10 o 15 años, estas sugerencias no se protegían con tanto sustento científico como ahora. Aún así, personas que no están actualizadas, siguen considerando esas prácticas como pérdida de tiempo o anticientíficas.

En nuestros días, ya no es frecuente escuchar la frase pon la mente en blanco, sino, focaliza tus pensamientos y discrimina los positivos de los negativos, piensa sobre tu pensamiento, escucha tus emociones, concéntrate en tus sensaciones corporales, aprende a regularte, entre otras. Más que apagar la mente, se trata de atender, con determinada disciplina, los diferentes estados de conciencia que provocan las sensaciones corporales, el pensamiento y emociones, para después, regular y actuar con mayor conciencia.

Supuestamente, poner la mente en blanco es haberla despojado de sus falsas identidades y descubrir el verdadero Yo, la esencia o autenticidad. Pensadores de la India, China y Grecia razonaron que el yo individual es una ilusión hace más de dos mil años. (Harari, 2016: 324-335). No existe la individualidad sino dividuos. Diversos estudios de la fisiología han demostrado que no hay un único yo, las decisiones se derivan de una estira y afloja entre diferentes entidades internas que a menudo se hallan en conflicto (Ibid). Algunos enfoques psicoterapéuticos han abrazado ese supuesto creando técnicas terapéuticas para ayudarle al paciente a encontrar un equilibrio en su drama existencial. Por ejemplo, hay quien defiende la idea de que la personalidad está compuesta por distintas partes o yoes: Yo real, yo ideal, yo niño, adolescente, adulto, yo criticón, yo valiente, yo bueno, yo malo, superyo, ello, yo, etc. Hay ejercicios terapéuticos en los que se invita al paciente a ponerse en tercera persona y actuar como si para descubrir lo flexible que puede ser su yo y aprender otros modos de Ser. La individualidad no existe, en su lugar, se acepta la personalidad como una totalidad, la cual se debe conocer a profundidad.

Estimado(a) lector(a), espero no le esté confundiendo, dándole a entender que los humanos sufrimos del trastorno de personalidad múltiple. Simplemente le comparto que la mente humana es bastante compleja. Quizás, parte de esta complejidad se le puede atribuir a la memoria y a la función predictora del cerebro (que ya en otro artículo le comenté). Somos seres que poseemos un sistema nervioso sofisticado, en relación con otros animales, el cual nos permite generar mapas mentales simbólicos de lo que experimentamos en nuestro cuerpo y lo que está fuera de él. Nuestro cerebro es un productor constante de pensamientos. Mediante el proceso de degeneración (Feldman, 2019), las neuronas se agrupan y desagrupan constantemente generando un sinfín de pensamientos a cada instante. La memoria, es clave fundamental en ese proceso degenerativo para dar origen a millones de fusiones posibles, interminables que llamamos, pues, pensamientos. Estos aparecen tanto en la vigila como en el sueño. Aparentemente tenemos alrededor de 65 mil pensamientos al día. En realidad, no tenemos el control de generarlos; aparecen sin importar lo que hagamos (Blackburn, Eppel, 2017: 101). Poner la mente en blanco es una gran travesía.

Aquí viene lo interesante estimado(a) lector(a). No se sabe aún cómo es que el cerebro produce esa gama infinita de pensamientos día con día. Algunos dicen que lo que está detrás de esa producción cognitiva es un algoritmo bioquímico que pronto se descubrirá y pondrá en evidencia la predictibilidad del ser humano (Harari, 2016); otros, argumentan que es imposible, ya que la mente es un órgano vivo cuyo funcionamiento bioquímico es impredecible e imposible de entender (Damasio, 2019). A esto es lo que llamo azar bioquímico. Si durante el día experimentamos miles de pensamientos, deberíamos practicar el pensamiento consciente, es decir, la metacognición –le recomiendo el podcast que grabamos acerca de esta temática-. Por ejemplo, si descubres que el 90% de tus pensamientos son repeticiones de otros que aparecieron antes (Blackburn, Eppel, 2017: 101), trabájalos o procésalos de manera saludable. Supongamos que una gran parte de esos pensamientos son negativos: recordar fatalidades el pasado, tristezas, angustias, pérdidas, rencores, conflictos no resueltos, desdichas, etc., entonces tu azar bioquímico te da una señal inequívoca para que te pongas a trabajar en serio en tus asuntos pendientes que te están castigando constantemente, de lo contrario, a parte de tener una vida estresante y desdichada, tu expectativa de vida se acortará (Blackburn, Eppel, 2017: 99). Por otro lado, si experimentas un montón de pensamientos positivos que se realimentan constantemente de otros, estimulados en diferentes ámbitos de tu vida (trabajo, relación de pareja, relación con hijos, relaciones sociales, salud, etc.), ésta, será más divertida, sin estrés y con buena salud; aprovecharías al máximo el resultado de tu azar bioquímico.

Pero ¿Cómo estimular el azar bioquímico positivo?

Primero, deshaciéndonos de los pensamientos negativos a través de alguna técnica terapéutica determinada, ya que no todo lo podemos hacer por sí mismos, requerimos del acompañamiento de alguien más para mejorar el pensamiento consciente. Algunas fuentes de ayuda son la meditación y técnicas de atención plena, las terapias cognitivo conductual y guestalt, entre otras. Segundo, alimentar la positividad, haciendo actividades a favor nuestro en diferentes áreas: hacer ejercicio, seguir una alimentación saludable, tener revisiones médicas frecuentes, mejorar nuestras interacciones con los demás, etc. Le comparto, estimada(o) lectora(or), hace algunos meses leí la obra de Martín Seligman La auténtica felicidadsi desea puede ver la reseña que grabé respecto a ese libro-, un libro basado en evidencia científica. Seligman nos dice que el optimismo y las emociones positivas están directamente relacionadas con la felicidad y longevidad (Seligman, 2011). Las ganadoras del Premio Novel en 2009, Elizabeth Blackburn, Elissa Eppel sostienen con estudios científicos, que, el pensamiento positivo está vinculado con la longevidad (2017). Le invito a leer su obra La solución de los telómeros, un acercamiento revolucionario para vivir más joven, más sano y más tiempo.

De los más de 65 mil pensamientos que nos asaltan día con día, alguno de ellos puede ser una idea fascinante para: emprender un negocio, rediseñar la comunicación con la pareja, mejorar la educación emocional que damos a nuestros hijos, modificar algún aspecto de nuestra persona, resolver un conflicto añejo, poner en paz un duelo, encontrar la solución a un problema de aprendizaje, proponer una innovación en la escuela o el trabajo, escribir un artículo, una alternativa distinta para manejar el estrés… La propuesta que le sugiero es, no quebrarse la cabeza en cómo funciona la mente, ni poner la mente en blanco sino, aprender a pensar sobre nuestros pensamientos y sujetarnos del pensamiento que puede crear cambios de gran magnitud en la vida. Claro que tenemos que tomar en cuenta lo que nos dicen la bioquímica y psicóloga, Blackburn y Eppel: “no creas todo lo que piensas” (2017: 101); el trabajo consiste en lo que le había comentado con anterioridad: trabajar y procesar nuestros pensamientos de manera saludable, pues si no lo hacemos, un solo pensamiento “x”, nos puede llevar al hastío, la tristeza, ansiedad o depresión, por ejemplificar. Otra alternativa con la que podemos contar es el encausamiento saludable de los pensamientos. ¿Cuántas persona conocemos que sufren de algún trastorno y aprendieron a encausar sus pensamientos en algo positivo? El pensamiento negativo, rumiante, nos puede llevar a la fatalidad, el pensamiento positivo nos puede ayudar a experimentar la creatividad y lucidez constante. Estimado(a) lector(a), en una ocasión, un paciente me dijo que todas las mañanas se levantaba con un estado de ánimo negativo, caracterizado por apatía, flojera, negatividad, descontento y preguntaba si eso era normal ya que ese estado solo duraba algunos 10 o 15 minutos, pues en cuanto comenzaba a realizar tareas, se activaba y salía con gusto a su trabajo. Le compartí que su mente, al igual que todas, es inquieta y que por la mañana es perfectamente válido que se experimenten un sinnúmero de pensamientos, más aún, si éstos son estimulados por la actividad del sueño. Le recomendé que aceptara ese manojo de pensamientos y emociones y los dejara fluir. Anclarse a un estado de ánimo que puede ser negativo, podría ser peligroso. Mi paciente no era ansioso ni depresivo, sólo experimentaba como usted o yo, un poco de ruido mental. Recuerde que son más de 65 mil pensamientos al día.

Por último, le confieso que no hay recetas mágicas, cada persona es una historia que se configura de manera aleatoria constantemente. No existen historias iguales. Solo queda la tarea de aprovechar la sabiduría del azar bioquímico que experimentamos todos los días. Si lo quiere reflexionar de otra manera, el azar bioquímico, es el ensamblaje cognitivo aleatorio que hace nuestra mente, sin nuestro permiso, día y noche, de la información que le proporcionamos a través de los sentidos. Le invito a fertilizar su bioquímica cerebral con la lectura, buenos documentales, meditación, atención plena, manejo del estrés, revisión psicoterapéutica, alimentación sana, ejercicio rutinario; le aseguro que sus pensamientos serán distintos.

Escuchemos nuestros pensamientos, ellos nos pueden dar las pistas que requerimos para dirigir correctamente nuestras vidas.

Sígase cuidando, aún no termina la pandemia.

No olvide comentar.

Hasta la próxima, Nota del Autor.

Bibliografía

  • Blackburn, E., Eppel, E. (2017) La solución de los telómeros: Un acercamiento revolucionario para vivir más joven, más sano y más tiempo. México. Debate
  • Damasio. A. (2019). El extraño orden de las cosas. La vida, los sentimientos y la creación de las culturas. México. Paidós.
  • Feldman. B. L. (2019). La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones. México. Paidós.
  • Noah, Y. (2016). Homo Deus. Breve historia del mañana. México: Debate.
  • Seligman. M. E. (2011). La auténtica felicidad. México. Penguin Random House.