Hacerle caso al cuerpo

Acostumbro a leer libros electrónicos mientras hago spinning, por la tarde noche. Es una práctica muy relajante que me ha ayudado, tanto a relajarme, como a construir ideas que luego toman forma de artículo para mi blog o un podcast que compartir. El día de hoy, 12 de noviembre de 2020, siguiendo esa rutina, leía La solución de los telómeros de Elissa Epel y Elizabeth Blackburn, cuando me vino a la mente escribir un artículo sobre la importancia que tienen las sensaciones corporales en las emociones, los pensamientos y toma de decisiones. De inmediato, puse La solución de los telómeros en segundo plano y abrí mi block de notas para escribir la cascada de ideas que se desbordaron en mi mente para encontrar un buen cauce. Esta publicación constituye ese cauce por donde pasarán las citas que le compartiré. Estimado(a) lector(a), a usted le corresponderá, si lo cree oportuno, abrir otros canales para que otras personas se puedan enriquecer con este flujo de palabras.

El cuerpo humano ha sido estudiado por muchos milenios, prueba de ello son los actuales paradigmas de atención a la salud que existen: medicina tradicional, alópata, homeópata que tienen sus bases en esos estudios antiguos. Pues bien, le comparto que este artículo no está relacionado con alguno de esos modelos, sino que se respalda en algunas investigaciones científicas de la psicología y neurociencia. Estas áreas de conocimiento también le han hecho caso al cuerpo para contribuir al mejoramiento de la salud mental, que es otro aspecto insoslayable a considerar en el tema de la salud.

¿Por qué hacerle más caso al cuerpo hoy en día?

A finales del siglo XIX, la psicología estaba invadida de dudas sobre el funcionamiento de la mente humana. Se desligó de la filosofía iniciando un camino experimental, emulando a otras ciencias que crecían a pasos agigantados, como la medicina. Entonces, comenzó a ensayar sus preguntas de investigación en animales antes de abordar la psique humana. El fisiólogo ruso Ivan Petrovich Pavlov descubrió el reflejo condicionado en los perros, a finales del siglo XIX y principios del XX. Posteriormente, este hallazgo se transfirió al ser humano como una ley. Podemos decir, que este descubrimiento fue uno de los primeros, validados científicamente, que señaló la importancia de la conexión mente – cuerpo. Debo decir que el tema mente/cuerpo se consideró un problema científico durante varias décadas. Algunos pensaban que, mente y cuerpo, caminaban de forma paralela, mientras otros, decían que se influían mutuamente. Ahora, el dilema está más que resuelto, mente y cuerpo se influyen constantemente. Hay infinidad de estudios científicos que lo demuestran, aquí solo citaré algunos para resaltar la importancia de esa interacción en las emociones y toma de decisiones. Por cierto, estimada(o) lectora(or), La solución de los telómeros que resultó en un Premio Nobel para sus autoras, habla, entre otros temas, de la relación entre nuestros pensamientos y el envejecimiento celular. Enseguida le compartiré esta lectura con más detalle.

Después de Pavlov, aparecieron otras líneas de investigación interesantes, pero siempre apoyando alguna de las posturas mencionadas:  a favor del interaccionismo mente-cuerpo o en contra. Un ejemplo fue Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, contemporáneo de Pavlov. Él eligió la temática del significado de lo inconsciente, pero no tomó en cuenta al cuerpo como se aborda en estudios actuales. Posteriormente, en la década de los 50´s algunos de sus discípulos, como Fritz Perls, descubridor de la terapia Guestalt, incorporaron al cuerpo en el trabajo psicoterapéutico. La influencia teórica que llevó a Perls a resaltar la importancia del cuerpo en el tratamiento de la salud mental fue el médico, psiquiatra y psicoanalista Wilhelm Reich. En 1956 Alexander Lowen, de influencia psicoanalítica, introduce en la psicología el término conciencia corporal a través de su psicoterapia corporal. En el año 2000 Eugene Gendlin crea una técnica psicoterapéutica llamada focusing basada en la conciencia corporal.

En los últimos 25 años, el paradigma de la inteligencia emocional ha contribuido en gran medida a resaltar la importancia del cuerpo en las emociones y la toma de decisiones. Con mayor énfasis lo ha hecho la neurociencia de las emociones en ese campo. Le comparto, estimado(a) lector(a) que el año pasado, con motivo de la presentación de mi tema de tesis doctoral en dos coloquios de investigación, leí suficiente acerca de lo que se sabía de inteligencia emocional, al punto de llegar a la frontera. Fue así, como a mitad de 2019, me encontré con La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones, de la neurocientífica Lisa Feldman Barrett. Una obra científica con basto respaldo teórico y científico. Aprovecho para invitarle ver la reseña que hice de dicho libro, para que se anime a leer la obra completa, siempre será mejor. Esta reseña está en el artículo que publiqué el 23 de agosto de este año.

Origen del sentir

Feldman (2019) nos dice que el origen del sentir sensaciones agradables y desagradables surge de un proceso continuo en nuestro interior llamado interocepción:

Es la representación que hace el cerebro de todas las sensaciones de nuestros órganos internos y de nuestros tejidos, de las hormonas de nuestra sangre y de nuestro sistema inmunitario. Esta actividad interoceptiva produce un abanico de sensaciones básicas que van de lo agradable a lo desagradable, de lo tranquilo a lo intranquilo, e incluso a lo completamente neutro. La red interoceptiva controla el cuerpo, administra los recursos energéticos y representa las sensaciones internas, todo al mismo tiempo. La red interoceptiva incluye las regiones de presupuestación corporal (83-99).

Cuando aparece una seña interoceptiva, como un dolor de estómago, que puede deberse a múltiples causas, el cerebro debe explicar las sensaciones corporales para darles significado, y su principal instrumento para hacerlo es la predicción (Feldman, 2019: 95). El cerebro rastrea información de manera probabilística y ofrece a la conciencia el significado más acertado: el tipo de dolor estomacal que tengo es porque comí demasiado picante. La función predictora del cerebro nos permite, en gran parte de los casos, anticiparnos a lo que ocurrirá, inclusive a niveles no conscientes (Feldaman, 2019: 88), se puede decir que vivimos parte de nuestra vida en un futuro anticipado en lugar de en el presente (Damasio, 2019:140-141). Nuestro cerebro es impresionante, procesa millones de datos a una velocidad impensable para decirnos lo que ocurrirá en base a cálculos estadísticos con margen de error. Pero ¿en qué datos se basa para hacer las predicciones?

El cerebro predice las respuestas corporales (les da un significado) basándose en experiencias anteriores con objetos y situaciones similares, aunque la persona no esté físicamente activa. Y la consecuencia es una sensación interoceptiva (Feldaman, 2019: 100). Por último, retomo la segunda característica de la red interoceptiva que se refiere a la presupuestación corporal. Esta red ayuda a la administración de los recursos necesarios para mantenernos vivos y sanos con el fin de regular el presupuesto del cuerpo (Ibid, p. 98). Es decir, esta red nos da señales de algún desequilibrio organísmico que debemos atender como, por ejemplo, la sensación de hambre, cansancio, fatiga, estrés, envejecimiento prematuro, dolores de distinta índole, etc. La red interoceptiva administra los recursos disponibles para que nos mantengamos en pie, aún si nosotros no atendemos de inmediato las señales que nos envía. Piense usted en una persona que sabe que no desayunó y que probablemente ingiera alimento hasta medio día, pero se ha dado cuenta que recibirá una buena paga por su trabajo y decide esperar. La red interoceptiva se administra con lo que hay y espera, aún sabiendo que no es lo más adecuado privarse del desayuno. Cabe hacer notar que, los factores o situaciones ambientales también pueden modificar la red interoceptiva, es decir, impactar en la bioquímica del organismo. Por ejemplo, usted ha salido del trabajo con un cansancio exagerado y lo que quiere es llegar a casa y descansar en el sofá cómodo y cálido, pero al llegar a casa su familia le da una sorpresa increíble: sus familiares más cercanos están esperándolo para una rica cena solo por el hecho de reunirse. Qué tal ¿cambió el estado corporal? Aunque usted no haya aún probado esa deliciosa cena, su red interoceptiva se modificó de un momento a otro y activó su organismo en un estado diferente. El sofá cómodo y cálido pasó a otro plano porque su bioquímica organísmica así lo indicó. El estado de ánimo se modifica y sus decisiones también.

Las emociones y la red interoceptiva

Escuchar, atender o hacerle caso al cuerpo es identificar las señales de la red interoceptiva. No siempre lo hacemos. Aquí en México se dice muy comúnmente los viernes: “Es viernes y el cuerpo lo sabe” o “Es fin de semana y el cuerpo lo sabe”. Pareciera que es el único momento en que le hacemos caso al cuerpo. La sugerencia de este artículo es que continuamente atendamos a nuestro cuerpo, le hagamos caso no solo cuando es fin de semana o tenemos hambre. De hecho hay personas que no identifican correctamente cuando sienten hambre y cuando no y hay otras más que privan al cuerpo del alimento.

En este apartado, le comparto que la red interoceptiva también juega un papel muy importante en la creación de emociones. Primero, definamos ¿qué es el afecto? Éste es la sensación general de sentir que experimentamos a lo largo de cada día. No es una emoción, sino una sensación mucho más simple con dos características: la primera es si la sensación es agradable o desagradable, lo que los científicos llaman valencia. La segunda, es lo tranquilos o excitados que nos sentimos, lo que se llama arousal (estado de alerta o de activación) (Feldman, 2019: 101-102). Dice la neurocientífica Feldman (2019):

He perdido la cuenta de la cantidad de experimentos publicados en los últimos cincuenta años que demuestran que el ser humano no es un actor racional. No podemos superar las emociones por medio del pensamiento racional porque el estado de nuestro presupuesto corporal es la base de todos los pensamientos y todas las percepciones que tenemos, y, en consecuencia, la interocepción y el afecto están presentes a cada instante. (p. 112)

El comienzo de las emociones está en el cuerpo. La red interoceptiva nos da señales afectivas que el cerebro inmediatamente evalúa por su valencia y arousal; enseguida, el mismo cerebro, basándose en nuestras experiencias pasadas y el sistema conceptual que poseemos, da significado a la situación y le da un nombre: enojo, alegría, tristeza, rabia, euforia, asco, asombro, felicidad, timidez, etc. Todo inicia partir de las señales organísmicas que nos envía la red interoceptiva y que el cerebro es capaz de significar. Dice el neurocientífico Anotnio Damasio (2019) que cuando se originó la mente, apareció la capacidad de crear mapas cognitivos  de lo que experimentamos internamente:

Las imágenes del mundo interno son las que describimos con términos tales como “bienestar”, “fatiga”, o “malestar” (otro autor le llama red interoceptiva). El organismo necesita verse afectado por esas imágenes. No puede permitirse sentir indiferencia hacia ellas, porque su supervivencia depende de la información que esas imágenes reflejan en relación con su vida. Todo en este mundo interno antiguo conlleva a una calificación: bueno, malo o regular. Este es el mundo de la valencia (117-120)

Imagine las siguientes escenas: 1) Se le ha pasado la hora de la comida, tiene exceso de trabajo, le llama su pareja para que vaya por los hijos al colegio ya que ha surgido un imprevisto. Su jefe le dice que se conecte en línea para darle instrucciones urgentes. Además, usted sufre de hipertensión arterial. – ¿Qué le diría su cuerpo en este momento? ¿Cuál sería su estado de ánimo? ¿Qué experimenta: algo agradable, desagradable, excitación, alerta? – Indiscutiblemente emergerá una o dos emociones, ¿no le parece? 2) Está exhausta(o), ha trabajado casi todo el día en su computadora. ¿Qué sensaciones le comunica su cuerpo? ¿Qué emociones construye su cerebro? Enseguida, decide darse una ducha. ¿Qué pasa con su cuerpo cuando termina de ducharse? ¿Hubo algún cambio en sensaciones fisiológicas? ¿Cambió el estado de ánimo? ¿Sus emociones siguen siendo las mismas que hace algunos minutos?

En el período de 2004 a 2007 estudié una maestría en psicoterapia Guestalt. En el entrenamiento se nos hacía énfasis en atender la parte corporal de nuestros futuros pacientes. El sustento teórico estaba en El lenguaje del cuerpo de Julius Fast y los tres libros de Paul Watzlawick : Teoría de la comunicación humana, ¿Es real la realidad? y Cambio. Lo central era identificar lo que comunica el cuerpo, pues se cree que más del 70% de la comunicación humana se trasmite por mensajes no verbales. También, en aquel entrenamiento, se nos adiestró a comprobar que los síntomas físicos de nuestros pacientes, tales como: gripes, dolores musculares, alergias, enfermedades graves, etc. llevan consigo un mensaje existencial y habría que decodificarlo en partes, a través de una metodología de conciencia corporal. Leí entonces, El lenguaje del síntoma -el autor no recuerdo- y algo sobre empatía somática. El axioma era, que los síntomas físicos representan asuntos no resueltos y que con la psicoterapia tales padecimientos podrían curarse hasta cierto punto. Hace algunos años participé en una sesión psicoterapéutica con la herramienta Focusing, que consistía en identificar un síntoma físico y luego, tras una serie de pasos, llevarlo a una significación determinada. Como lo dije casi al principio, el focusing está dirigido a la conciencia corporal.

¿Qué teneos que hacer?

En la actualidad, hay muchos factores que inciden en la red interoceptiva y de presupuestación corporal, por ejemplo, los hábitos alimenticios, el manejo del estrés, el uso de la tecnología, el ejercicio físico, los genes, entre otros. Las tareas que podemos realizar para disfrutar de un equilibrio organísmico saludable y no volver loco a nuestro cuerpo para luego provocarnos una vida con enfermedades y deficiente inteligencia emocional, pueden ser:

  • Educarnos en la honestidad, bondad, empatía y compasión, gratitud, modestia (Damasio, 2019, Seligman, 2011). Promueven estados de ánimo saludables que le caen estupendo a nuestro equilibrio corporal, además, ayudan mucho al cerebro en sus predicciones
  • Comer sano, hacer ejercicio y dormir lo suficiente (Feldman, 2019: 226)
  • Masajes profesionales, hacer yoga, invertir tiempo en espacios con menos ruido, menos gente más vegetación y más luz natural. Sumergirnos en una novel absorbente, convivir con amigos. (Feldman, 2019: 227-228)
  • Practicar meditación: nos enseña a estar atentos y presentes en el ahora observando el ir y venir de las sensaciones sin juzgarlas. (…) La meditación reduce el estrés, mejora la detección y el procesamiento del error de predicción, facilita la recategorización  (llamada regulación emocional) y reduce el afecto desagradable (Feldman, 2019: 244-245)
  • Asista a terapia corporal con alguno de los enfoques bioenergéticos, se sentirá mejor.
  • Etc. Etc. Etc.

Ahora, tenemos una explicación más científica desde la neurociencia, que nos orienta a hacerle más caso al cuerpo Hay estudios científicos que respaldan estas sugerencias.

El tema es extenso Estimada(o) lectora(or), le sigo invitando a leer la bibliografía en la que he basado este mar de palabras y a poner en práctica el “hacerle más caso al cuerpo”. Más de un siglo de investigaciones en este rubro no pueden fallar.

Sígase cuidando. Ya sabe que me encuentra en mi número celular (aquí en esta página) para alargar este rio de palabras o en notadelautor1@gmail.com.

Hasta la próxima nota del autor.

BIBLIOGRAFÍA

  • Damasio. A. (2019). El extraño orden de las cosas. La vida, los sentimientos y la creación de las culturas. México. Paidos.
  • Feldman. B. L. (2019). La vida secreta del cerebro. Cómo se construyen las emociones. México. Paidós.
  • Seligman. M. E. (2011). La auténtica felicidad. México. Penguin Random House.